Di niente, il Mare
( Teatro. “ ARABESCO CALAFIORE )
“ Da quale ricordo o giorno, da quale poesia cominciare, se non “ dall'ultimo “ ?
Io sono l'ultimo.
Riempio la distanza, le lontananze, di sostanza poetica, di sogni, di quella metamorfosi che mi distingue, ma anche con quel nome, Thèios che mi porto addosso, etimologica che vuole derivare da – théios - !
E che cosa significa << thèios >>? Thèios – leggo in un grosso vocabolario greco- divino, sacro a una divinità, eccelso, nobilissimo, straordinario.
Senonchè quello straordinario viaggiatore viaggiante che sono, io che sono mare, altrove.
Che bello questo monile a me così caro al maschile: théios! , punto il dito all'orizzonte, affettuoso, ammiccante, è su un altro significato che trovo amore.
E rimango ancora qui a guardarti, a perdermi nei tuoi occhi.
Lo so. Sei mare, un mare molto più grande, con un altro mare dentro.
Fra noi la distanza, una linea scura che inghiotte, ogni mio pensiero e le parole.
Una di queste si è salvata ed è: ti Amo!
…. Ma dammi retta, cuore!
Lascia perdere.
Lassù, come lei non ascoltano
nemmeno il silenzio.
Vincenzo Calafiore
De nada, Mar.
(Teatro. “ARABESCO CALAFIORE”)
“¿Desde qué recuerdo o día, desde qué poema debería empezar, si no desde el último?”
Yo soy el último.
Lleno la distancia, las distancias, con sustancia poética, con sueños, con esa metamorfosis que me distingue, pero también con ese nombre, Théios, que llevo dentro, un nombre etimológico que se cree que deriva de —¡théios!—.
¿Y qué significa «théios»? Théios —leí en un gran diccionario griego— divino, sagrado para una divinidad, sublime, noble, extraordinario.
Excepto ese extraordinario viajero que soy, yo que soy el mar, en otro lugar.
¡Qué hermosa esta joya, tan querida para mí en masculino: théios! Señalo con el dedo al horizonte, afectuoso, guiñando un ojo; es en otro significado donde encuentro el amor.
Y aquí sigo, mirándote, perdiéndome en tus ojos.
Lo sé. Tú eres el mar, un mar mucho más grande, con otro mar dentro.
Entre nosotros, la distancia, una línea oscura que engulle cada pensamiento y cada palabra.
Una de ellas ha sobrevivido, y es: ¡Te amo!
... ¡Pero escúchame, corazón mío!
Olvídalo.
Allá arriba, como ella, no escuchan
ni siquiera al silencio.
Vincenzo Calafiore

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